Hipertensión arterial sistémica en perros y gatos, ¿qué hay de nuevo?
Puntos clave del ACVIM sobre la medición de la presión arterial y el diagnóstico de hipertensión arterial sistémica en perros y gatos, de la técnica al tratamiento.
En la última reunión del ACVIM se plantearon varios puntos que cuestionan la medición de la presión arterial (PA) y el diagnóstico de hipertensión arterial sistémica (HAS) en perros y gatos. El patrón oro para esta medición es la evaluación central (directa), aunque en la práctica habitual los equipos empleados son el Doppler y los dispositivos oscilométricos. Para ofrecer lecturas fiables, estos equipos deben validarse para cada especie animal y, además, la experiencia del operador influye de forma decisiva en la exactitud de los resultados.
Entorno y técnica de medición
El entorno elegido para registrar las lecturas y el estado emocional del paciente influyen notablemente en los resultados. No podemos olvidar la hipertensión situacional, inducida por ansiedad o excitación, antes de confirmar el cuadro de HAS. Para reducir estas interferencias se recomienda realizar las mediciones lejos de otros pacientes, tras un período de ambientación del paciente de al menos 5 a 10 minutos y, siempre que sea posible, con el propietario presente. El manguito debe corresponder al tamaño del animal y cada sesión debe incluir 5 o más lecturas repetidas.
Causas e investigación diagnóstica
Como ya se mencionó, la PA puede elevarse en situaciones con factores estresantes, en asociación con procesos patológicos (hipertensión secundaria) o en ausencia de estos (hipertensión idiopática). En esta última, los resultados de los exámenes suelen ser normales, sin alteraciones en el hemograma, la bioquímica sérica ni el análisis de orina. Con fines de investigación puede incluirse ecografía abdominal, concentración sérica de dimetilarginina simétrica (SDMA), tasa de filtración glomerular (TFG), evaluación cuantitativa de la proteinuria, concentración sérica de tiroxina (solo en el gato) y de cortisol (en perros). Pruebas adicionales pueden incluir aldosterona sérica y urinaria, así como concentración de catecolaminas.
Daño a órganos diana
A largo plazo, la HAS provoca lesión tisular y daño orgánico, lo que justifica el tratamiento. Los órganos afectados con mayor frecuencia son los riñones, donde evoluciona junto a la enfermedad renal crónica; los ojos, con hifema, retinopatía y coroidopatía hipertensiva; el cerebro, donde el accidente cerebrovascular se manifiesta con convulsiones, alteraciones mentales y déficits neurológicos no explicados; y el corazón y los vasos sanguíneos, con hipertrofia del ventrículo izquierdo, insuficiencia cardíaca congestiva izquierda (poco frecuente) y aneurisma aórtico.
Diagnóstico y clasificación de riesgo
El diagnóstico de HAS debe confirmarse mediante una medición fiable de la PA, y las decisiones terapéuticas se basan en sus resultados. La presencia de daño a órganos diana justifica iniciar el tratamiento. En casos de prehipertensión (140 a 159 mmHg) o HAS de riesgo moderado (160 a 179 mmHg), las mediciones deben repetirse cada 4 a 8 semanas. En animales con HAS grave (más de 180 mmHg) el riesgo de daño orgánico es alto, y las mediciones deben repetirse semanalmente o, como máximo, cada dos semanas.
Tratamiento
Los animales con hipertensión moderada o grave deben tratarse, con el objetivo de que la PA descienda a un estado prehipertenso o normotenso. En perros y gatos, la HAS suele ser secundaria (más del 80% de los casos); por ello, la terapia antihipertensiva debe iniciarse junto con el tratamiento de la causa de base. Además de la causa de base, también deben tratarse los órganos afectados por la HAS.
Cuando el tratamiento de la causa de base resulta eficaz, la PA elevada puede resolverse total o parcialmente. La decisión de emplear fármacos antihipertensivos debe integrar toda la información clínicamente disponible, priorizando siempre el bienestar y la calidad de vida del paciente.