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VFC, nocicepción y profundidad anestésica en perros y gatos

Durante la anestesia de perros y gatos, la variabilidad de la frecuencia cardíaca refleja el tono vagal y se ha estudiado como indicador complementario del equilibrio nocicepción/antinocicepción, nunca como sustituto de la monitorización multiparamétrica estándar.

VFC, nocicepción y profundidad anestésica en perros y gatos

Durante la anestesia de perros y gatos, la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC) refleja en buena parte el tono parasimpático (vagal) y, por ello, se ha estudiado como espejo indirecto del equilibrio entre nocicepción (el estímulo doloroso que llega al sistema nervioso) y antinocicepción (la analgesia que ofrece el protocolo). La lógica es sencilla: un estímulo quirúrgico no cubierto de forma suficiente por la analgesia tiende a desplazar el equilibrio autonómico hacia el lado simpático, reduciendo el tono vagal y, con él, ciertos índices de VFC. En anestesia veterinaria, los índices derivados del tono vagal se han propuesto como indicadores del balance nocicepción/antinocicepción intraoperatorio en perros y gatos. Importante: se trata de una herramienta complementaria a la monitorización multiparamétrica estándar, frecuencia cardíaca, presión arterial, ETCO2 y SpO2, y no de un sustituto. La evidencia veterinaria aún está en construcción y la decisión clínica corresponde siempre al médico veterinario.

Por qué la VFC dialoga con el dolor bajo anestesia

El corazón no late como un metrónomo. Entre un latido y otro hay pequeñas oscilaciones en el intervalo RR, y esas oscilaciones son moduladas en todo momento por el sistema nervioso autónomo. La rama parasimpática, vía nervio vago, actúa rápido y produce la variabilidad de alta frecuencia, ligada al ritmo respiratorio. Cuando la nocicepción aumenta y la analgesia no la contrarresta, la respuesta simpática sube, el vago retrocede y esa variabilidad rápida disminuye. Es esa lectura, latido a latido, la que los índices derivados del tono vagal intentan convertir en un número útil junto a la mesa quirúrgica.

Ese razonamiento nació y maduró primero en la anestesia humana, donde ya se usan monitores de nocicepción basados en la respuesta parasimpática, y después se trasladó a perros y gatos. En medicina veterinaria se desarrolló un índice de tono parasimpático para perro, gato y caballo justamente para señalar un desequilibrio nocicepción/antinocicepción durante la anestesia. Aún así, las variables cardiovasculares clásicas siguen siendo la referencia principal y los estudios veterinarios disponibles todavía son pocos.

Qué muestra la evidencia veterinaria en perros

En perros, varios estudios clínicos y experimentales han evaluado los índices de tono vagal frente a las variables cardiovasculares. En un trabajo con perros sometidos a cirugías electivas, la caída dinámica del índice precedió al aumento de la frecuencia cardíaca y/o la presión arterial, con un desempeño moderado a bueno para predecir la reacción hemodinámica al estímulo. En perros castrados, la reducción del índice acompañó a las reacciones hemodinámicas y su recuperación siguió a la administración de fentanilo, aunque el desempeño predictivo fue solo moderado, lo que refuerza la necesidad de más estudios en distintos escenarios y protocolos.

En un estudio experimental con beagles anestesiados con propofol y sevoflurano, el monitor detectó estímulos nociceptivos de menor intensidad que los necesarios para provocar cambios cardiovasculares, pero, ante estímulos más intensos, el cambio cardiovascular ocurrió antes que la respuesta del índice. La lectura práctica es equilibrada: el índice puede anticipar estímulos sutiles, pero no sustituye la vigilancia continua de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, sobre todo cuando la estimulación es fuerte.

Y en gatos?

La evidencia felina es aún más incipiente, pero empieza a aparecer. En gatas sometidas a ovariectomía, el índice de tono parasimpático mostró un valor diagnóstico para detectar la nocicepción superior al de la frecuencia cardíaca aislada y, cuando la frecuencia cardíaca subía de forma relevante, la velocidad de detección de ambos fue similar. Los propios autores señalan que aún es necesario comprender, en la rutina clínica, el significado de una activación simpática detectada por el monitor cuando el aumento de la frecuencia cardíaca no es clínicamente relevante.

La lectura para la clínica felina es de cautela optimista. El gato tiene particularidades autonómicas y responde a su manera a la contención, al estrés y a los fármacos, lo que hace arriesgado simplemente importar umbrales definidos en perros o en humanos. Por ahora, en gatos, el índice debe interpretarse como un dato más dentro del contexto, sumado a la frecuencia cardíaca, la presión arterial, el ETCO2, la SpO2 y el plano anestésico, nunca de forma aislada.

Limitaciones: por qué la VFC clásica no basta

La VFC bajo anestesia sufre la influencia de muchas variables a la vez, y eso impone límites claros. Los propios anestésicos deprimen el tono autonómico: en perros, parámetros clásicos de VFC en el dominio del tiempo, como el SDNN, caen a medida que se profundiza el plano anestésico, y fármacos como la dexmedetomidina y el remifentanilo alteran la VFC de formas distintas. En un estudio en perros con isoflurano, con y sin dexmedetomidina o remifentanilo, en múltiplos de la concentración alveolar mínima, hubo gran solapamiento entre protocolos, lo que llevó a los autores a cuestionar la utilidad de los parámetros clásicos de VFC para evaluar la profundidad anestésica y la nocicepción.

Súmese a esto la arritmia, las extrasístoles y los artefactos de movimiento, que distorsionan la serie de intervalos RR; la ventilación mecánica, que reorganiza la banda de alta frecuencia; y los bloqueadores neuromusculares y fármacos vasoactivos, que desacoplan la frecuencia cardíaca, la presión y el tono vagal. En arritmias sostenidas, cualquier índice basado en la VFC pierde sentido. Por todo ello, la lectura segura es tratar la VFC como tendencia y como alerta, no como verdad absoluta ni como un número que decide por sí solo la conducta.

Cómo usarla en la rutina: complemento, no sustituto

En la práctica anestésica, la VFC y los índices de tono vagal funcionan mejor como una capa adicional de información sobre la base sólida de la monitorización multiparamétrica. La secuencia lógica se mantiene: asegurar la vía aérea, la oxigenación y la ventilación (SpO2 y ETCO2), seguir la frecuencia cardíaca y la presión arterial y, sobre eso, observar la tendencia del índice como pista temprana de que el equilibrio nocicepción/antinocicepción puede estar deteriorándose, o de que la analgesia administrada surtió efecto. Una caída del índice junto con signos hemodinámicos coherentes refuerza la decisión de potenciar la analgesia; un índice aislado, sin contexto, no.

Es en esa capa de información continua donde entra un ecosistema conectado de monitorización. El INmonitor centraliza los parámetros multiparamétricos del paciente, y la señal de ECG de equipos como el INcardio X y el INcardio Agile, integrada a la plataforma INpulse One y al historial en la nube de INcloud, da al anestesista la serie de latidos fiable de la que depende cualquier análisis de VFC. El mensaje central permanece: la VFC enriquece la lectura del plano anestésico, pero es el médico veterinario, sumando todos los datos al paciente que tiene delante, quien decide la conducta.

Fuentes

  1. Intraoperative nociception-antinociception monitors: A review from the veterinary perspective (2019) PMID 32007442
  2. Evaluation of the nociception-antinociception balance using the Parasympathetic Tone Activity index in dogs anaesthetized for castration (2022) PMID 36184486
  3. Efficacy of the Parasympathetic Tone Activity monitor to assess nociception in healthy dogs anaesthetized with propofol and sevoflurane (2019) PMID 31635963
  4. Evaluation of the Parasympathetic Tone Activity (PTA) index to assess the analgesia/nociception balance in anaesthetised dogs (2017) PMID 28575801
  5. The Performance of Using the Parasympathetic Tone Activity (PTA) Index to Assess Intraoperative Nociception in Cats (2024) PMID 38535855
  6. Effects of isoflurane with and without dexmedetomidine or remifentanil on heart rate variability before and after nociceptive stimulation at different multiples of minimum alveolar concentration in dogs (2013) PMID 23627378