ECG en gatos y la cardiomiopatía hipertrófica felina (CMH): por qué el gato esconde la enfermedad
El gato es un maestro en esconder la enfermedad cardíaca. Conozca el papel real del ECG en la cardiomiopatía hipertrófica felina (arritmias e indicios de agrandamiento de cámaras), por qué la ecocardiografía es la prueba definitiva y qué considerar en el cribado preanestésico del gato asintomático.
La cardiomiopatía hipertrófica felina (CMH) es la enfermedad cardíaca adquirida más frecuente del gato, definida por el engrosamiento del músculo del ventrículo izquierdo sin una causa que lo justifique, y se estima que afecta a cerca del 15% de la población felina general. El electrocardiograma (ECG) registra el ritmo y la actividad eléctrica del corazón: ayuda a identificar arritmias y plantea indicios de agrandamiento de cámaras, pero no diagnostica la CMH. La prueba definitiva es la ecocardiografía, que mide directamente el grosor del miocardio.
Por qué el gato esconde la enfermedad cardíaca
El gato es un paciente silencioso. La mayoría de los felinos con CMH permanece asintomática durante meses o años, sin tos y con pocos signos perceptibles para el tutor, y muchos casos solo aparecen cuando el veterinario ausculta un soplo o un sonido de galope en una consulta de rutina. El problema es que la auscultación tiene baja sensibilidad: se estima que al menos un tercio de los gatos con cardiomiopatía, y cerca de la mitad en algunas series, no presenta ningún soplo, y parte de los gatos con soplo leve no tiene alteración cardíaca estructural.
Este comportamiento esconde un riesgo real. La primera manifestación de la CMH puede ser dramática y súbita: insuficiencia cardíaca congestiva (ICC) con dificultad respiratoria, tromboembolismo arterial (TEA, el coágulo que suele paralizar los miembros posteriores, con dolor intenso) o muerte súbita. Por eso, basarse solo en los síntomas para sospechar enfermedad cardíaca felina es una estrategia frágil: cuando aparece el signo clínico, la enfermedad ya suele estar avanzada.
El papel del ECG: qué muestra (y qué no muestra)
El ECG es la herramienta de elección para caracterizar el ritmo cardíaco. En gatos con CMH pueden surgir complejos ventriculares prematuros, taquicardia ventricular, complejos supraventriculares prematuros, bloqueos atrioventriculares de segundo y tercer grado y bradicardia sinusal. El trazado también puede sugerir agrandamiento de cámaras: ondas R altas en DII se asocian a hipertrofia ventricular izquierda y ondas P altas o ensanchadas sugieren agrandamiento auricular. Documentar una arritmia es clínicamente relevante, y existe buena correlación en sentido inverso: en una serie, 102 de 106 gatos con arritmias ventriculares en el ECG tenían alteraciones ecocardiográficas compatibles con cardiomiopatía.
La gran limitación es la baja sensibilidad del ECG para la CMH. En un estudio, la presencia de arritmias en un registro de 2 minutos tuvo una sensibilidad de apenas 31% y una especificidad del 100% para identificar hipertrofia ventricular izquierda, y cerca del 43% de los gatos con CMH tenían un ECG sin alteraciones relevantes. En otras palabras: un ECG normal no excluye la CMH. Por eso el ECG es más útil para confirmar y clasificar arritmias sospechadas (y, cuando está indicado, el Holter de 24 horas amplía esa captura) que para cribar la enfermedad estructural en sí. La decisión sobre qué pruebas solicitar y cómo interpretarlas corresponde siempre al médico veterinario responsable.
La ecocardiografía: el diagnóstico definitivo de la CMH
Si el ECG observa el ritmo, la ecocardiografía observa la estructura. El consenso de la ACVIM (2020) define la ecocardiografía como la prueba de referencia para la CMH: es ella la que mide el grosor de la pared del ventrículo izquierdo, identifica el patrón de hipertrofia, evalúa el tamaño de la aurícula izquierda (marcador importante de riesgo) y detecta obstrucción del tracto de salida. El ECG y el ecocardiograma no compiten, se complementan: el primero caracteriza el ritmo, el segundo confirma y estadifica la enfermedad.
La ACVIM también propone una estadificación que separa a los gatos con cardiomiopatía subclínica en menor y mayor riesgo de complicaciones, lo que orienta la vigilancia y la conducta. Biomarcadores como el NT-proBNP pueden apoyar el cribado, indicando qué gatos merecen una ecocardiografía, pero no sustituyen la prueba de imagen. El diagnóstico, la estadificación y el plan terapéutico los define el médico veterinario, idealmente con el apoyo de un cardiólogo cuando el caso lo requiera.
Cribado preanestésico del gato
La CMH oculta es una de las mayores preocupaciones antes de una anestesia felina. Un gato aparentemente sano, programado para una castración o una limpieza dental, puede tener enfermedad cardíaca subclínica que altera la tolerancia a la fluidoterapia y a los agentes anestésicos. Las directrices de anestesia felina de la AAFP (2018) refuerzan la importancia de una evaluación preanestésica cuidadosa, incluida una auscultación atenta para soplo y galope.
Ante hallazgos como soplo, sonido de galope o arritmia, se recomienda profundizar la investigación antes del procedimiento electivo, con pruebas complementarias como la ecocardiografía y, cuando sea apropiado, NT-proBNP, según el juicio clínico. Aquí el ECG tiene valor práctico: monitorizar el ritmo en el periodo peri e intraanestésico permite reconocer precozmente arritmias e inestabilidad. La profundidad de este cribado (y la decisión de posponer o continuar con la anestesia) depende del paciente, del riesgo del procedimiento y del juicio del médico veterinario.
El gancho del gato asintomático: vigilar antes del evento
Los números refuerzan por qué el gato asintomático merece atención. En el estudio internacional REVEAL, con más de mil gatos con CMH preclínica, el riesgo de ICC y de TEA a 1 año fue de cerca del 7,0% y 3,5%, subiendo a aproximadamente 19,9% y 9,7% a los 5 años, con mortalidad cardiovascular en torno al 22,8% a los 5 años. Son gatos sin síntomas al inicio del seguimiento que, aun así, cargan un riesgo sustancial a lo largo del tiempo.
El mensaje práctico es de vigilancia, no de alarma: identificar soplo o galope en la consulta, investigar con las pruebas adecuadas y dar seguimiento al gato de riesgo permite actuar antes del evento agudo. El ECG entra como una pieza del cuadro, caracterizando el ritmo y apoyando la monitorización; la ecocardiografía cierra el diagnóstico. Ninguna prueba aislada sustituye la evaluación completa, y toda conducta corresponde al médico veterinario responsable del paciente.
Fuentes
- Fuentes VL, Abbott J, Chetboul V, et al. ACVIM consensus statement guidelines for the classification, diagnosis, and management of cardiomyopathies in cats. J Vet Intern Med. 2020;34(3):1062-1077. (2020) PMID 32243654
- Cofaru A, Murariu R, Popa T, Peștean CP, Scurtu IC. The Unseen Side of Feline Hypertrophic Cardiomyopathy: Diagnostic and Prognostic Utility of Electrocardiography and Holter Monitoring (review). Animals (Basel). 2024;14(15):2165. (2024) PMID 39123690
- Fox PR, Keene BW, Lamb K, et al. International collaborative study to assess cardiovascular risk and evaluate long-term health in cats with preclinical hypertrophic cardiomyopathy and apparently healthy cats: The REVEAL Study. J Vet Intern Med. 2018;32(3):930-943. (2018) PMID 29660848
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